Tercera carta: a las puertas del cielo...

Querido Andros,

Me gustaría haberte escrito una carta cada día para compartir contigo la algarabía de sensaciones y pensamientos que esta última semana me han acompañado, pero mis frases habrían tenido demasiados complementos directos y circunstanciales en nada relacionados con nuestra historia,por ello lo guardaré para mí y te ahorraré el romanceo.

Desde mi última carta han pasado ocho días, pero poca cosa puedo contar. Me he pinchado cada día, he acudido a las citas y he intentado cuidar mi alimentación. Supongo que mis palabras suenan huecas,y justo así me siento. Esta rutina monotemática a la que se ha reducido mi vida no me agrada, y confieso que tampoco hago nada por cambiar este hecho. Me veo pasando horas y horas en un hospital, entre análisis de sangre y ecografías vaginales, esperando en sillas incómodas el parte del día.

Y los partes no son demasiado halagüeños Andros, no voy a mentirte. Y seguramente ésta sea la razón por la que me siento así, como arrastrada, porque por muy fuerte que sujete el timón de este barco no puedo cambiar de dirección a mi antojo.Por mucho cuidado que ponga al administrarme la medicación, por muy bien que me alimente o descanse, si mis ovarios deciden que "no hay tu tía", poco puedo hacer...

El primer control fue una especie de cita de cortesía, para que estuvieramos todos tranquilos,el personal médico cumpliendo con su obligación y yo confirmando lo obvio: estaba verde. Tres pinchazos tampoco es que den para mucho,la verdad.

La segunda cita fue un "completo": anestesiólogo, analítica y ecografía. Tuvieron la deferencia de darme fecha el mismo día para todo y ahorrarme un viaje, cosa que he agradecido de corazón, porque las horas en el hospital parecen multiplicadas.
La anestesióloga me explicó el proceso de sedación y dió el visto bueno (incluido a mi peso corporal),y la extración para el control hormonal fue tan rápida que casi ni me entero.

Mi ovarios, en cambio, no están colaborando para nada en el proceso.

Parece ser que los folículos han organizado una asamblea, con portavoz incluido: la mayoría está creciendo poco,dejando que el "cabecilla" se lleve todo el mérito,y los milímetros, de modo que se contaban cuatro folículos de tamaño normalillo,de entre 10-12mm, y uno gordezuelo (el muy sinvergüenza ya medía 16mm).

El doctor habló,al fin,de programar la punción y me mandaron inyectarme la segunda medicación el mismo día,por lo que supuse el panorama no era tan desolador como a mi me pareció. O al menos, quiso infundirme valor.

Y así me encuentro, inyección arriba inyección abajo, esperando que llegue el próximo control y concretemos fechas, viendo pasar los minutos tal que horas, con una ausencia de molestias que no sé interpretar y sin esperar demasiado de toda esta odisea.

Me encuentro a las puertas del cielo, a unos escalones nada más, pero sin tener muy claro si ha llegado el momento de llamar...




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